31 / 01 / 2014

Jugador de San Joaquín fue goleador en cadetes de la Universidad de Chile durante 2013

 

 

Se trata de Ignacio Arqueros, campeón con la Sub 12 de los azules, convirtiendo en la última temporada la no despreciable suma de 54 goles; todo un récord para la especialidad. Sobrino del ex profesional Alejandro Escalona, este espigado centro delantero, que pronto llegará al metro ochenta centímetros de estatura, salió del Julio Juárez y está llamado a convertirse en futuro crack del futbol chileno.

 

Su ídolo futbolístico es Diego Gabriel Rivarola. Y por esas cosas del destino, Ignacio Arqueros lo tiene bien cerca cada día en el campo deportivo de Universidad de Chile. El popular Goku ya lo conoce y sabe que crece a pasos agigantados esta gran promesa que cumplirá 13 años en abril próximo y que se robó la película durante el año 2013, anotando 54 goles.

 

Junto a su familia, Ignacio vive en el pasaje Lino en la Población Sumar de San Joaquín. Con su hermano Bastián respiran fútbol. Ambos han lucido la camiseta del club Julio Juárez, en la Asociación El Pinar. Antes de partir a cadetes de la U, el actual goleador azul pasó el 2008 y 2009 por las canchas de tierra de calle Comercio.

 

En la Sub 12 fue dirigido por Esteban Valencia, quien supo explotar sus virtudes, las que Ignacio tiene muy claras de acuerdo a lo manifestado en más de una entrevista: “Una de mis principales características es la fuerza, lo que además me sirve para aprovechar bien mi altura y para el finiquito. El título es del equipo. Yo no podría salir goleador si no fuera por mis compañeros”, ha señalado.

 

Pero no tan sólo sobresale su juego por saber mandarla al fondo de las redes, pues también se las ingenia para dar muchos pases gol, además de su facilidad para el cabezazo y las habilitaciones en profundidad. Sin dudas, su crecimiento también ha sido futbolístico, agregando facetas nuevas en sus movimientos.

 

Tanto su serie, como las restantes que resultaron campeonas, fueron premiadas en el Estadio Nacional, previo a un partido del primer equipo, por lo que cada uno de los jóvenes pudo respirar ese aire característico de las tardes de Ñuñoa.

 

“Recibir la copa en el estadio donde hemos sido varias veces pasa pelotas, y con la barra a tus espaldas, fue algo maravilloso, que nos incentiva a seguir por este camino, esperando algún día ser jugadores profesionales de la U”, confesó Ignacio.

 

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